MARTIN REAÑO

“Las empresas que nada tienen y valen mucho”

Me llega por las redes sociales una infografía de lo más interesante. Cuenta cómo es que Uber es la compañía de taxis más grande del mundo y no tiene ni un solo vehículo. Facebook es la red social más popular y no crea ningún contenido. Alibaba es el retailer más valioso en el planeta y no tiene inventarios. Airbnb es el proveedor de habitaciones más grande del mundo y no tiene ningún activo inmobiliario.

Y la lista probablemente podría seguir pero creo que los ejemplos de arriba reflejan con claridad la situación. ¿Será que el mundo se está virtualizando y los activos ya no son de ladrillo y fierro? ¿O será que son empresas de fantasía que eventualmente desaparecerán sin dejar rastro alguno? O quizás simplemente se trate de una tendencia pasajera que se extinguirá progresivamente para volver a dejar espacio a las empresas tal y como las conocíamos antes.

Pues nada de eso. No es una moda, no son casos aislados y raros, no hay razones para pensar que van a desaparecer y no se trata de fantasías irreales esperando que el mercado se dé cuenta de su falsedad. Es más, desde hace décadas se reconoce que para que los negocios sean rentables se debe buscar la máxima utilidad posible con la menor inversión en activos. Esto no es novedad ni debería extrañar a nadie.

Lo que pasa es que aún hay empresarios que suelen alimentar su ego con el peso de las máquinas y con los metros cuadrados de tierra que acumulan. Son empresarios que sienten –erradamente sin duda- que mientras más activos físicos acumulan en sus empresas, más valiosas son éstas. Y las cosas funcionan justamente al revés!

Las empresas son más rentables y tienen más valor en la medida en que generan dinero para sus dueños con la menor inversión posible. Hasta es posible medir esto. Se hace con el EVA (Valor Agregado Económico) y lo sabemos hacer desde la década de los 50s del siglo pasado.

Todos queremos que nuestras empresas valgan más. Como valen las empresas que menciono al principio de esta nota. A ver si algún día dejamos de enamorarnos de los fierros y ladrillos.

Por Martin Reaño ( Articulo publicado en el diario El Comercio )

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